Pulpa

Sobre

  ,-.       _,---._ __  / \
 /  )    .-'       `./ /   \
(  (   ,'            `/    /|
 \  `-"             \'\   / |
  `.              ,  \ \ /  |
   /`.          ,'-`----Y   |
  (            ;        |   '
  |  ,-.    ,-'         |  /
  |  | (   |            | /
  )  |  \  `.___________|/
  `--'   `--'

Blonde Redhead – Pink Love

Estar aquí... conmigo misma y sentirme en mi propia presencia YO en el instante yo sin desdoblamiento ni identidad posible ¡qué tremenda es la conciencia del yo! no estamos atados a nadie somos una isla en el mar de los demás seres humanos y nada puede penetrar, traspasar este yo que tampoco se puede dar porque es indivisible El yo es el misterio de la vida La conciencia del ser su descubrimiento es el mayor asombro que pueda experimentar el hombre, el ser humano Todos huyen del yo nadie quiere enfrentarlo, descubrirlo agazapado en la conciencia, nadie quiere mirarse en el espejo terrible de su yo El yo armado de la intuición, del presentimiento, de la premonición, de la videncia El yo lleno de subterráneos, de cavernas inéditas, de luces deslumbradoras y de sombras tan densas que es como rodar hacia las simas más aterradoras Cuando este Yo termine, no habrá otro yo en el tiempo que me reemplace, que asuma mi presencia, que mire con mis ojos y sufra y goce y sienta la soledad tremenda de ser única sin posibilidad de identificarse con otro yo, inasible Yo me poseo a mí misma, me encuentro y me interrogo y me quedo perpleja de no encontrar respuesta. ¿En dónde reside la conciencia del ser, de mi yo? ¿en el cerebro, en el corazón o en la concavidad del pecho que se agita angustiado ante el oscuro misterio del ser? Pero el yo sigue intangible rodeado de murallas que nadie penetra, aislado del mundo. Estoy rodeada de seres extraños, ajenos a mí misma, nada nos vincula, nuestros caminos son divergentes. No hay encuentro posible. ¿Cuál es la razón de vivir? ¿para qué se ama, se procrea, se edifica, se crea de la nada si el yo magnífico en su identidad es sólo miserable momento de existencia que se extingue junto con la materia que recubre su pensamiento? ¿La vida no es sino una desaforada carrera hacia la muerte, en cuyas negras aguas se ahoga toda posibilidad de pervivencia? Por eso las religiones consuelan al ser humano de la abrumadora certeza de la extinción definitiva. Sobre la muerte sólo queda el olvido que es la segunda muerte. ¿Pero qué importa el recuerdo ante la ausencia definitiva? ¿Qué importancia tiene tener quien le recuerde si ya no habrá quien responda al reclamo, a la amistad o al amor?

De Magda Portal

Raíz de vida árbol bajo tu sombra anidan los pájaros y el hombre las bestias las hormigas las fraternales piedras la luz halla su refugio en tu follaje denso se tamiza y se vuelca en miríadas de estrellas sobre la madre tierra Muge el ganado trina el gorrión en los mil nidos de su alero y el hombre se aletarga bajo el frescor de su ramaje

De Magda Portal

Vamos, cansado cuerpo mío: vamos. ¡Cuantos kilómetros hicimos juntos ¡ Vamos: ya no son muchos los presuntos... Aun nos faltan pocos, pocos tramos. ¡Triste el instante en que nos despidamos! Tañen campanas... ¡Misa de Difuntos! Oigo un desmoronarse de conjuntos Celulares... que escuchan sus reclamos. ¡Que misterio: partiendo de la Nada -después de tanto amor y tanto hastío- Duele este beso cruel de la llegada! ¡Cuánto te quiero, cuerpo, cuerpo mío! Mereces resurgir resucitado Porque sufriste... ¡pero me has salvado!

De Héctor Broggi Carranza

1

Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas, voy bajando por las rocas duras, por el sendero dibujado por el viento. Hay árboles a mi alrededor sombreados por la lluvia. Yo soy un río, bajo cada vez más furiosamente, más violentamente bajo cada vez que un puente me refleja en sus arcos.

2

Yo soy un río un río un río cristalino en la mañana. A veces soy tierno y bondadoso. Me deslizo suavemente por los valles fértiles, doy de beber miles de veces al ganado, a la gente dócil. Los niños se me acercan de día, y de noche trémulos amantes apoyan sus ojos en los míos, y hunden sus brazos en la oscura claridad de mis aguas fantasmales.

3

Yo soy el río. Pero a veces soy bravo y fuerte pero a veces no respeto ni a la vida ni a la muerte. Bajo por las atropelladas cascadas, bajo con furia y con rencor, golpeo contra las piedras más y más, las hago una a una pedazos interminables. Los animales huyen, huyen huyendo cuando me desbordo por los campos, cuando siembro de piedras pequeñas las laderas, cuando inundo las casas y los pastos, cuando inundo las puertas y sus corazones, los cuerpos y sus corazones.

4

Y es aquí cuando más me precipito Cuando puedo llegar a los corazones, cuando puedo cogerlos por la sangre, cuando puedo mirarlos desde adentro. Y mi furia se torna apacible, y me vuelvo árbol, y me estanco como un árbol, y me silencio como una piedra, y callo como una rosa sin espinas.

5

Yo soy un río. Yo soy el río eterno de la dicha. Ya siento las brisas cercanas, ya siento el viento en mis mejillas, y mi viaje a través de montes, ríos, lagos y praderas se torna inacabable.

6

Yo soy el río que viaja en las riberas, árbol o piedra seca Yo soy el río que viaja en las orillas, puerta o corazón abierto Yo soy el río que viaja por los pastos, flor o rosa cortada Yo soy el río que viaja por las calles, tierra o cielo mojado Yo soy el río que viaja por los montes, roca o sal quemada Yo soy el río que viaja por las casas, mesa o silla colgada Yo soy el río que viaja dentro de los hombres, árbol fruta rosa piedra mesa corazón corazón y puerta retornados,

7

Yo soy el río que canta al mediodía y a los hombres, que canta ante sus tumbas, el que vuelve su rostro ante los cauces sagrados.

8

Yo soy el río anochecido. Ya bajo por las hondas quebradas, por los ignotos pueblos olvidados, por las ciudades atestadas de público en las vitrinas. Yo soy el río ya voy por las praderas, hay árboles a mi alrededor cubiertos de palomas, los árboles cantan con el río, los árboles cantan con mi corazón de pájaro, los ríos cantan con mis brazos.

9

Llegará la hora en que tendré que desembocar en los océanos, que mezclar mis aguas limpias con sus aguas turbias, que tendré que silenciar mi canto luminoso, que tendré que acallar mis gritos furiosos al alba de todos los días, que clarear mis ojos con el mar. El día llegará, y en los mares inmensos no veré más mis campos fértiles, no veré mis árboles verdes, mi viento cercano, mi cielo claro, mi lago oscuro, mi sol, mis nubes, ni veré nada, nada, únicamente el cielo azul, inmenso, y todo se disolverá en una llanura de agua, en donde un canto o un poema más sólo serán ríos pequeños que bajan, ríos caudalosos que bajan a juntarse en mis nuevas aguas luminosas, en mis nuevas aguas apagadas.

De Javier Heraud

El mejor momento del amor no es aquel en que se dice: «Te amo.» Se halla en ese mismo silencio que está a punto de romperse todos los días. Está en la rápida y furtiva comprensión de los corazones. Está en los fingidos rigores y en las secretas indulgencias. Está en el estremecimiento del brazo en que se apoya la mano temblorosa, en esa página que volvemos juntos, pero que ninguno de los dos leemos. ¡Momento único, en que los labios callan y dicen tantas cosas con su pudor; en que se abre el corazón, estallando quedamente como un botón de rosa! En que el solo perfume de los cabellos parece un favor conquistado. ¡Momento de deliciosa ternura, en que el respeto mismo es una confesión!

De Sully Prudhome